El parto salvaje de Gabriel

Como os conté por Instagram, Gabriel decidió nacer el día 05 de abril a la 1.54 de la madrugada. Nació en la semana 37+2, pesó 2,790 kg y midió 48cm. Os cuento nuestro parto respetado en el Hospital de Torrejón.

Los días previos

Las tres últimas semanas antes de parir fueron especialmente agotadoras, tenía muchísimas contracciones que no regulaban ni subían de intensidad, apenas comía o dormía, estaba exhausta. El jueves y el viernes de antes era Semana Santa y Manu tenía festivo. Desde ese viernes tuve un subidón de energía brutal, comía más, no podía parar de hacer cosas. Así que aproveché para limpiar ventanas, cocina, reubicar zona de manualidades y me puse a cocinar y bailar.

La madrugada del domingo, hacia las 3, me desperté con contracciones y empezó la fiesta. Yo ya sabía que de ese día no pasábamos sin ponernos piel Gabriel y yo pero no pensaba que se fuera a alargar tanto. Las contracciones eran irregulares aunque bastante seguidas, como mucho, regulaban a diez minutos pero ya eran dolorosas. Aguanté sin avisar a mi marido pero a las 6/7 le llamé y tuvimos que decidir qué hacíamos, con quién dejábamos a los niños (la pandemia pone las cosas más complicadas) y finalmente, sobre las 12 de la mañana nos fuimos al hospital.

Cuando llegué a paritorio, la matrona me exploró previo permiso y me preguntó cómo quería que fuera el parto. Aún estaba de 2cm, me dijo que no me preocupara porque seguramente de ese día no pasara, y no se equivocó.

Miedos y bloqueos

Vuelta a casa, dejamos a los niños un rato más en casa de mi suegra y así pudimos hablar un ratito Manu y yo. Me hizo un sándwich buenísimo para que comiera algo (ni siquiera había cenado ni desayunado) y me preparó arroz con leche, mi postre favorito ♥. También me preguntó qué me pasaba, que me notaba preocupada. Le dije que tenía miedo, que las sensaciones que tenía con este parto eran las mismas que con el de Manu y no quería que volviera a pasar lo mismo; yo estaba dispuesta a aguantar lo que hiciera falta y a no ponerme la epidural (me puede afectar a mí y al bebé por una enfermedad que tengo) pero eso no garantizaba nada.

Como en el parto de Manu, llevaba muchos días con muchas contracciones agotadoras, que no regulaban y dolor en los riñones. Sentía que estaba en posterior. Lloré los miedos, los solté todos y decidí hacer lo único que podía hacer, lo que hago siempre: buscar información para lograr soluciones.

Y eso hice, sabía dónde buscar. Naza, de Comadrona en la ola, tiene un par de entradas sobre pródromos insidiosos donde explica el porqué y qué posiciones adoptar durante las contracciones. Decidí descansar entre contracción y contracción, estaba agotada de no haber dormido apenas, del palizón de los días anteriores. Necesitaba descansar y las contracciones me lo permitieron. Y menos mal porque ya eran bastante menos llevaderas.

La dilatación en casa

Durante estas contracciones, me iba poniendo en dos posiciones: la postura del gato-vaca de yoga y la otra postura con las rodillas en el suelo y de rodillas para arriba erguida (foto abajo). Empezaron a doler bastante y yo notaba que en estas posturas las contracciones eran más efectivas. Regularon pero aún eran a cada 10 minutos. Vega me pidió que me echara en la cama con ella y la acompañé hasta que se durmió. En ese momento escuché un pequeño «clac», no fue muy fuerte. Después supe que ahí rompí bolsa. Cuando me volví a incorporar, las contracciones eran bastante «heavies» y no las soportaba, media hora después nos fuimos con contracciones cada 5 minutos y duración de 1,5 minutos más o menos. Aguanté en casa todo lo que pude, quería estar segura de que esta vez sí llegaba de parto activo.

Posiciones en el parto.
Fotos extraídas de https://www.facebook.com/mimosdematrona/photos/?ref=page_internal

Y vaya si llegué, ¡de 8cm! cuando me lo dijo la matrona no me lo podía creer; ahí supe que también había roto bolsa. Por eso de camino a paritorio no podía casi andar y en cada contracción me ponía de puntillas, por eso, de repente, se hicieron tan intensas y acortaron tanto el tiempo. Cuando salí de explorarme hacia la sala del parto, tenía ganas de empujar. Llamé a Manu para que subiera corriendo, ya que no podía pasar conmigo y le tenían que hacer el volante de la PCR antes de subir.

Comienza el expulsivo

Las dos contracciones siguientes, en lugar de empujar como me dijo la matrona, las contraje, las aguanté como pude hasta que Manu estuvo arriba, no quería que él se lo perdiera. Cuando por fin subió, ya tenía la colchoneta para ponerme en la postura que necesitara y estaba ¡desnuda! yo, que me muero de vergüenza si no me siento en «casa».

Y es que estaba pletórica, muerta de dolor y feliz. Yo solo quería empujar, empujar mucho, quería verle la carita y estar los tres juntos.

Empecé a empujar en el suelo, probé de pie, a cuatro patas, sobre la pelota y en cuclillas apoyando rodillas (como la imagen de arriba). Al final como más cómoda estaba y como vino Gabi al mundo fue en esta última postura, hincada y semierguida. En la siguiente contracción rompí la bolsa, que me dolió tanto como parir la cabeza. Una vez explotó, sentí bastante alivio.

La cabeza salió con las siguientes dos contracciones. Entremedias, solté alguna palabrota y un ¡me parto, no puedo! Sentía que me iba a partir de verdad, que me iba a romper al seguir empujando. Aquí apareció mi maravillosa matrona Raquel, quien con mucho cariño me dijo: «claro que puedes, estás haciéndolo a vuestro ritmo, tu hijo está teniendo el tiempo y el espacio que necesita, tú se lo estás dando». Fueron mágicas sus palabras de aliento, un chute de energía enorme. En la siguiente terminó de salir la cabeza y en la siguiente su cuerpo. Salió como un pececillo, calentito, pequeño, cubierto de vérnix. Solo lo toqué yo, nadie más. No podía parar de olerlo, de abrazarlo y de darle besos. Ahí recordé que llevaba la mascarilla.

Alumbramiento y subimos a planta

Como todo fue tan rápido, no nos hicieron PCR y tuvimos que estar todos con mascarilla. Yo iba tan en mi mundo que ni me di cuenta. Y yo pensando que no estaba en el planeta parto, menuda desconexión exterior para conectar con lo que de verdad importa. Fue algo brutal, salvaje, como si fuera una loba pariendo en el bosque. La mejor experiencia de mi vida.

Después nos hicieron la PCR a los dos y a Manu también antígenos. La PCR tenía que ir a Alcalá y, como tardaba un día, le hicieron antígenos para poder darnos una habitación. Si hubiéramos dado positivo alguno de los dos, nos hubiéramos quedado en ese paritorio hasta el alta.

Poniéndonos piel

Por último, alumbré la placenta con oxitocina sintética y me preparé para ducharme, al final, llegó antes el celador y lo hice en planta. Me llevó en silla de ruedas aunque podía haber ido andando. Me encontraba estupendamente y con un subidón enorme. De hecho, me sentí así dos semanas más. Cuando los loquios empezaron ya no estaba tan pletórica y pedí enantyum en seguida. ¡Cómo duelen! Con cada parto, duelen más.

Y eso es todo. Ya han pasado casi dos meses. Yo ya no estoy tan pletórico, estoy más bien exhausta pero eso lo cuento otro día. En la próxima entrada os cuento cómo va esto de la trimaternidad.

En la furgo nueva

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