¿Y si ya somos nuestra mejor versión?

Hace unos días vi una película que me marcó y que llevo desde entonces pensando en ella. Se llama Ladybird. Os la recomiendo infinitamente.  

Desde pequeños nos enseñan a proyectarnos en expectativas, en lo que tenemos que ser, en buscar nuestra mejor versión, en lo que se espera de nosotros. 

Poco a poco, según vamos asumiendo errores y viendo cómo estos nos alejan de esa expectativa de nosotros que nos hemos creado, vamos minando nuestra percepción de nosotros mismos. Si a esto sumamos que los niños siempre piensan que son ellos los que han hecho algo mal y no que los adultos también nos equivocamos, llegamos a la adolescencia con una idea de nosotros mismos bastante tocada. 

«En la adolescencia, rompemos con todo esto y queremos formarnos nuestra propia imagen de nosotros mismos pero el ruido exterior no nos deja. «

En la adolescencia, rompemos con todo esto y queremos formarnos nuestra propia imagen de nosotros mismos pero el ruido exterior no nos deja.Toda la sociedad se empieza a poner nerviosa porque ya vamos acercándonos a la adultez. Lo que ellos han considerado la adultez, sin enfocarse en lo que podemos alcanzar a nivel cerebral. 

Y empiezan a decirnos todo lo que tenemos que hacer, todo lo que tenemos que decir, cómo nos tenemos que comportar, que debemos embotellar nuestra vitalidad desbordante cual refresco agitado. Tenemos, tenemos, tenemos, debemos, debemos, debemos. 

Entramos en la espiral sin saber si quiera quienes somos, solo lo que tenemos que ser. Y nos dejamos arrastrar mar adentro. En el mejor de los casos, elegimos bachillerato, carrera y trabajo en una carrera a contrarreloj donde todos saben cuáles son sus expectativas y ninguno recuerda sus sueños. Otros, ni expectativas ni sueños, simplemente a trabajar y a comer. 

 Y un día te levantas y no sabes por qué eso que haces no te llena y no te encuentras en calma en ningún sitio, tienes un desasosiego creciente. Algo te hace «click» en la rueda de hámster y quieres romper con todo. Quieres saber quién eres, quieres encontrarte. 

Y descubres que todas esas expectativas eran mentira, que ya éramos MARAVILLOSAS personas desde que nacimos, que no necesitamos que nos llenen de restos de vasos ajenos para completar el nuestro, que lo único que necesitamos es que nos enseñen a beber ese agua que ya traemos con nosotros. Necesitamos acallar todo ese ruido exterior para escucharnos a nosotros mismos. 

Esa es mi misión en la maternidad, acallar ruidos exteriores para que mis hijos aprendan a beber ese agua que ya traen consigo. Esa es mi misión también en este emprendimiento, que las familias puedan acallar voces exteriores y escuchen su propio proyecto. 

Si algo de esto te ha resonado, si quieres acallar las voces que rodean a tu familia, te espero en comentarios o en el mail. Tenéis un formulario de contacto en la pestaña superior. 

Un abrazo, 

Alba. 

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