Todo por los niños, sin los niños

Hola, hola.

¿Cómo vais? Llevaba un montón de tiempo sin pasarme por aquí. Con esto del confinamiento, mayo se me ha pasado de un plumazo, como abril y medio marzo. ¿Tenéis la sensación de que os falta medio año? Yo sí. En enero tuve los exámenes del máster, febrero y medio marzo prácticas y clases, a destajo vaya, y después, confinamiento. Cuando nos hemos querido dar cuenta era junio.

Manu sentado por mí con tres meses

Esta entrada lleva mucho tiempo en borradores y no me atrevía a sacarla porque es cañera. Los que me conocéis ya sabéis que suelo evadir el conflicto pero allá va. Además a mí me gusta ser alentadora, que para culpabilizarnos ya tenemos a la sociedad entera.

La frase con la que empiezo la entrada bien podía ser referida a la actualidad pero esta entrada lleva escrita casi un año. Ahora quiero que reflexionéis, ¿qué precio estáis dispuestas y dispuestos a pagar por el aprendizaje?

Esto lo escribo muy removida. Cada vez que me pongo a observar relaciones adultos-niños, me doy cuenta de que nos mueve una necesidad adulta por enseñar a los niños, por meter en ellos aprendizajes que, en muchas ocasiones, ni nos han pedido. ¿Os habéis planteado alguna vez cómo han aprendido vuestras hijas y vuestros hijos a andar o hablar? Me podéis decir que les habéis enseñado vosotras y vosotros. ¿Seguro? ¿estáis convencidas y convencidos de que si no lo hubierais hecho, no habrían aprendido? Conozco muchos que han aprendido sin intromisión adulta. Sí, intromisión. Toda ayuda no pedida ni necesitada es una intromisión, con todo el amor del mundo, sí, y es intromisión al fin y al cabo.

¿Conocéis Movimiento libre de Emmi Pikler? Toda ayuda innecesaria es perjudicial para su desarrollo. En esta línea sigue la Doctora María Montessori, quien afirma que “la educación no es lo que el maestro imparte, sino un proceso natural que se desarrolla en el individuo humano” o “el niño aprende porque en ello se le va la vida. Él viene a adaptarse a estos tiempos y en estos momentos”. Van a aprender con o sin nosotros, no somos indispensables. Y practicarán y practicarán hasta que encuentren la perfección en lo que están haciendo, SU perfección.

Manu satisfecho de su logro

Ahora os lanzo otra pregunta, ¿cómo creéis que un niño va a aprender a usar la tijera si cada vez que va a usarla nosotros nos ponemos a intentar cortar con ellos? Hay dos opciones: si tu hijo no puede cortar con la tijera, no fuerces. A mí no me gusta que me obliguen a correr maratones porque no estoy preparada para ello pero si vamos ensayando en pequeños pasos, igual llego a correr la maratón y hasta descubro que me gusta correrla. Con las tijeras, la escritura o lo que sea, lo mismo.

Decía que hay dos opciones. La segunda: si corta con la tijera y no te necesita, no te necesita para cortar. Disfruta viéndole trabajar. No hay nada más maravilloso que un niño trabajando en algo que quiere refinar. Son pura concentración.

Manu concentrado excavando

Y si en casa “la lía parda” con ellas, revisa las normas: ¿le has explicado lo que sí puede cortar?, las expectativas: ¿es pequeño para entender las normas?, y por último, la conexión: ¿es una forma disruptiva de conectar con alguno de nosotros? Igual también es el precio que tenemos que pagar por el aprendizaje: que nos equivoquemos (TODOS, que los adultos no somos perfectos) varias veces, que no nos comuniquemos bien, que se ensucie todo y sea una oportunidad perfecta para practicar la responsabilidad de recoger lo que usamos (JUNTOS, que las expectativas de que un niño de 3 o 4 años recoja solo son unas expectativas muy altas, y si tiene más edad y no le has enseñado previamente, es igual de aplicable).

Y todo esto viene porque me cabrea que cuando se hace un taller precioso con los niños, los protagonistas sean los padres. ¿No se supone que era para los niños o resulta que al final era para los padres? Revisemos lo que nos remueve.

Refinamiento sensorial: observando hormigas

Y esto es lo que escribí, que podría ser perfectamente extrapolable a lo que está pasando con las aulas en esta situación, lanzo otra pregunta: ¿no se supone que la escuela era PARA los niños o al final va a resultar que las cartas ya se han visto sobre la mesa y es para los padres? Y si es para los niños, repensemos bien la clase de escuelas que tenemos y si están adaptadas para el completo desarrollo de los niños.

Como veis, hoy tengo para todo el mundo XD. Y como no me va esto de soltar sin compasión, hoy os mando un abrazo muy muy grande a vuestras niñas y a vuestros niños interiores, esos que algún día fuisteis y no fueron escuchados. Escuchadlos ahora a través de vuestras hijas y vuestros hijos. Son los seres más puros y maravillosos de la creación humana, son el potencial del Hombre (y la Mujer).  

Vega comiendo un barquillo sin llegar siquiera al año

P.D.: Os dejo fotitos de algunas de mis cagadas para que veáis que todos metemos la pata 😉

Un abrazo,

Alba.

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