Manu

Y sin darnos cuenta, este chico guapo ha cumplido cinco años, CINCO. Toda una mano entera.

Aún recuerdo la primera vez que te cogí en brazos, tan pequeñito, tan blandito… me cayó toda la responsabilidad encima. Y un gran alivio, ahora dependía de mí que no te pasara nada malo, ingenuidad de primeriza.  Con esos ojos tan grandes, asustados y, a la vez, llenos de vida. Lloraste, lloraste mucho. Normal, vida mía. Sufrimos mucho para que vinieras a este lado de la piel, hasta el último momento.

Algo de esto debes recordar tú porque recuerdo cómo me contaste que tú tenías un hermano en la tripa, que estoy equivocada, que Max y tú veníais juntos pero solo llegaste tú. Esto explica tantas cosas… y explica tu prioridad de estilo de vida. Ya sabes que en casa “somos de Disciplina Positiva”, como si de una secta se tratara (a veces sí lo somos un poco XD). Esa complacencia tuya innata, esas frases idóneas de aliento para todos los que te rodean, ese miedo al rechazo y ese dolor cuando lo sientes nos había despistado, no nos habíamos dado cuenta pero era para estar cómodo, para evitar los conflictos, los problemas. La otra noche te preguntaba qué te gustaba menos, que no quisieran ser tus amigos o que te hicieran daño y me dijiste “daño, son mis amigos” y tras una charla intensa de las nuestras antes de dormir, lo vi claro. Ahora lo vemos claro.

Esa prioridad aparece cuando se ve en peligro tu supervivencia. Y no sé si sería ahí cuando decidiste esto, cuando llegaste a este lado de la piel o cuando realmente se fue Max, pero sí recuerdo que cómodos estábamos, y mucho. A pesar de la hiperémesis no atendida, a pesar del desprendimiento de placenta y a pesar del parto donde casi nos morimos los dos. Y lo que sí sé es que espero haberte hecho sentir a gusto y cómodo.

Y todo eso ya ha pasado. Y desde entonces hasta ahora lo recuerdo como en una película a cámara rápida.  Tengo guardados los paseos contigo en el fular o la mochila como oro. Tus risas, tus llantos, tus despertares con las pilas cargadas, tus mil proyectos a la vez, tu energía arrolladora, tus frustraciones porque o es perfecto o no es, y punto. Y es curioso, porque todo lo malo que recuerdo de este tiempo, nada tiene que ver contigo. Porque no, mi niño, no hay nada que puedas hacer tan mal como para nublar esa mirada y esa risa que me enamoran.

Recuerdo cómo se encienden tus mejillas, mezcla de vergüenza y no creértelo, y me dices «yo no puedo» y cómo te brillan los ojos cuando sí lo haces acompañándolo de un baile que te has inventado tú mismo, o cuando no y añades: «lo seguimos intentando»; esos achuchones antes de dormir, cuando ya estoy cansada, acompañados del susurro “mamá, me encanta dormir contigo”, tus bailes, tus disfraces, tus dibujos en perspectiva, los detalles en los que te fijas que los demás hemos pasado por alto, tus gestos, tus “caca, culo, pedo, pis”, tus “ya voy yo con Vega, mamá”.

Me flipa ver cómo tienes de claro que quieres trabajar de “padeontódogo”, y tener un grupo rockista XD, porque ser de mayor, quieres ser Manu. ¿Te cuento un secreto? Ya lo eres, ya eres uno de los seres más maravillosos que ha pisado la tierra. Y en lo que trabajes ya se verá. Y me flipa tu creatividad, y tu claridad, tu intuición, tu humildad, tus técnicas para gestionarte tú solo, tus «me estoy enfadando», algo que ni yo misma soy capaz de hacer, tus «lo aprendí por ahí yo solo», tus gestos y poses para las fotos, tus «yo soy muy bueno haciendo puzzles».

Y es que este chico, desde el minuto uno que llegó a nuestra casa al otro lado de la piel, decidió que dormir era aburrido. Antes lo sospechábamos, ahora lo verbaliza tal cual XD. Y eso hace que estemos muy cansados, y que os disfrutemos a ti y a Vega a tope de power. Y aunque esto afecte a veces en nuestro humor, también es la época de mi vida en la que más he aprovechado mi tiempo, yo que pensaba que no se puede sobrevivir con menos de ocho horas de sueño.

Sé que este año no ha sido la mejor manera de cumplir años. Sé que tú querías hacer una megafiesta de cumpleaños arrasadora más parecida a una rave que a una fiesta infantil XD, donde estuvieran todos, todos los que quieres, sin faltar nadie. Y sé que, aunque no lo digas, para ti está siendo duro. Lo sé. Ayer descubrimos que tu gestión emocional es enorme para lo pequeño que eres, bueno, pequeño, no, “mayor de los niños mayores, que ya tienes cinco años” XD. Tu verbalización de lo que estás sintiendo: “estoy agobiado, me siento sin aire sin salir a la calle” fue un rayo de luz en esta tormenta que estamos viviendo, nos dio pie a poder hablarlo y gestionarlo. Espero que te quedes con que tu familia intentamos que fuera el mejor cumpleaños que tuvieras, que aunque no pudieran estar tus amigos, todos ellos te mandaron vídeos de felicitaciones.

Yo de todo esto que estamos viviendo ahora mismo me llevo la CONEXIÓN, tus validaciones, tu aliento y tus ganas de contribuir. Qué bonito es verte en conexión. Y sobre todo, tu sonrisa. No cambies, eres auténtico. Feliz cumpleaños, mi niño. Te quiere,

Mamá

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